La Caperucita Roja: Sexo e Interpretación
¿Psicología sexista en la literatura?
Un ejemplo clásico es, sin duda, Le Petit Chaperon Rouge, o “La Pequeña Caperucita Roja”, compilada en el siglo XVII por Charles Perrault.
La obra juega con metáforas de alusión universal claramente identificables.
Ignoremos el irreverente final feliz que ha desprovisto de impacto a la moraleja implícita, y aboquémonos, pues, al relato original. Aquel en que ningún leñador fornido, repleto de virilidad, irrumpe en el inmueble de la anciana, desempeñando el papel de héroe.
No. En la primerísima versión publicada –aquella derivada directamente de la tradición oral – la historia culmina en tragedia, acabando la niña su vida a precoz edad.
Mas lo que nos interesa ahora son ciertos símbolos generales.
Una madre encomienda a su hija sin nombre, algunos víveres para la abuela.
La niña – extremadamente bella – es conocida con el apodo de Pequeña Caperucita Roja. El conjunto sugiere una jovencita de sexualidad incipiente, que apenas ha experimentado un primer ciclo menstrual.
En su travesía camino a casa de la anciana, nuestra heroína se introduce al bosque – a menudo descrito como un lugar lúgubre y peligroso –: un sector marginal. El perfecto sitio para hallar un lobo presto a personificar la segregación social.
Este can es un seductor viril, pero mal intencionado: un ultrajador.
En un primer encuentro con la jovencita, el libidinoso señor lobo es consciente de la presencia cercana del leñador: figura paterna, heroica, positivamente masculina y ausente.
De modo que, incapaz de abordarla en aquel momento, enseña a Caperucita un sendero que la conduciría a su destino. Allí, astutamente la esperara, tras engullir a la abuela y usurpar su identidad, vistiendo como ella.
De la asociación entre travestismo y el lobo, se desprende una motivación moral sexista, que diferencia con claridad un género del otro, equiparando la confusión de los mismos con una actitud censurable.
El encuentro de las partes en la vivienda concluye al abalanzarse el lobo sobre la niña con intención evidente.
Lo que sigue es tan interpretable como el resto de la historia.
Y, con el fin de proteger a los retoños traviesos, la moraleja ha sido deliberadamente sentada como tal:
“Los niños, sobre todo las niñas bellas, bien hechas y gentiles, hacen muy mal en escuchar a toda suerte de personas.
Y no es extraño descubrir que el lobo tiene hambre.
Digo lobo, mas no todos los lobos son iguales.
Quienes, sigilosos, complacientes y dulces, siguen a las señoritas hasta sus casas, hasta las calles… ¡Pero cuidado!
Quién sabe si esos lobos dulces, de todos los lobos, no son los más peligrosos.”
“La Caperucita Roja
Sexo e Interpretación”
Valparaíso,
14 de abril, 2006.
Le Petit Pensant

Adela dijo
hwjdjdkdflk
19 Septiembre 2006 | 07:33 PM